Abordaje precoz para el trastorno de personalidad

 

 

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DUPLICA EN PREVALENCIA A LA ESQUIZOFRENIA

Abordaje precoz para el trastorno de personalidad

El difícil manejo del trastorno límite de personalidad recomienda su abordaje precoz en unidades especializadas. Sobre la enfermedad ha versado un curso en el Capio Hospital General de Cataluña (San Cugat del Vallés).
Javier Granda Revilla. Barcelona   |  04/04/2012 00:00
Miquel Gasol, del Capio Hospital General de Cataluña. (Rafa M. Marín)
Los traumas infantiles, las negligencias y los malos tratos -entendidos como dejadez de los padres y la inhibición de las emociones- son algunos de los aspectos más relevantes del trastorno límite de la personalidad. Cobra especial relevancia en este campo el ciclo agresor-agredido en el abuso sexual infantil.

Como ha explicado Miquel Gasol, responsable del comité organizador de las jornadas y director del Servicio de Psiquiatría del Hospital General de Cataluña, “se ha contabilizado casi un 80 por ciento de traumas de este tipo en los pacientes con trastorno límite de personalidad, por lo que es muy importante en el desarrollo posterior de la enfermedad, así como en futuras autolesiones y otros problemas”.

  • Con el tratamiento el grado de remisión del trastorno es muy alto a largo plazo, pero la recuperación del funcionamiento social es aún muy baja
La principal dificultad de su manejo es que los trastornos de personalidad comienzan a definirse a partir de los 18 años, aunque en realidad se inician en la primera infancia con un fenotipo de mucha hipersensibilidad y reactividad emocional que lleva a que el niño se sienta abandonado. “De este modo luchan contra ese abandono y comienzan a crearse rasgos de personalidad: problemas con las relaciones interpersonales y con ellos mismos, impulsividad, reacciones autodestructivas, pensamiento de suicidio y mucha ira, entre otros. Este aspecto del diagnóstico supone un obstáculo importante, pero cada día consultan más adolescentes, por lo que se recomienda la incorporación de unidades específicas de adolescentes a las de trastorno límite de personalidad. En psiquiatría, según las estadísticas, la consulta de estos pacientes es ya la más frecuente. Otro obstáculo a tener en cuenta es el hecho de trabajar con los padres, que deben saber poner límites”, ha recordado.

También debe tenerse en cuenta que estos pacientes infantiles y adolescentes se caracterizan por clínica con rabia e irritabilidad y otros aspectos depresivos a los que se unen una gran impulsividad. “De alguna manera, sufren y hacen sufrir. El abordaje es complicado, porque hay pocas opciones y el tratamiento debe ser lo más precoz posible. Y debe recordarse que es muy prevalente, ya que se registran el doble de casos que de esquizofrenia: consume el 30 por ciento de las consultas de urgencias y el 20 por ciento de los ingresos hospitalarios. Las terapias deben ser muy estructuradas y específicas, intentando la regulación afectiva como la terapia conductual y la terapia centrada en la transferencia, o la cognitiva analítica, con terapeutas experimentados, ya que son tratamientos a largo plazo que consiguen porcentajes muy altos de remisión”, ha aconsejado.

El trastorno límite de personalidad se presenta en comorbilidad con abuso de sustancias (80 por ciento), depresión (90 por ciento) y problemas de conducta alimentaria (40 por ciento). “En muchas ocasiones la punta del iceberg es el trastorno de abuso de sustancias o una bulimia, que encubren el problema real que no se trata, que es el trastorno límite”.





Atención plena
Otros aspectos que se repasaron en la reunión científica fueron las novedades del DSM-V y la utilidad de la atención plena (mindfulness) en este tipo de trastornos. Además, se ha presentado la guía clínica elaborada por la Generalitat de Cataluña que resume las investigaciones en este ámbito.

“Pese a que se consigue un 90-95 por ciento de remisiones, sin recaídas, la parte negativa es que son pacientes que han pasado muchos años con muchos problemas de funcionamiento social y se deterioran mucho las relaciones laborales y familiares; sólo un 50 por ciento consigue recuperarlas. A los diez años, un 40 por ciento de los pacientes aún recibe subsidios de incapacidad y sólo un 25 por ciento ha logrado trabajar a tiempo completo. Es decir, el grado de remisión es muy bueno a largo plazo, pero el de funcionamiento social es muy bajo y los aspectos terapéuticos deben centrarse en ambas rehabilitaciones”.

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