La obra científica de Barcia Goyanes.Resumen.

 

 

LA OBRA CIENTÍFICA DE BARCIA GOYANES
CON ESPECIAL
ANÁLISIS DE SUS IDEAS ANTROPOLÓGICAS PARA UNA
PSICOTERAPIA
FUENTE: http://www.psiquiatria.com

Juan José Regadera Meroño,
Mª Nieves Martinez Hidalgo

A Juan José Barcia Goyanes:
Invisibles,
Como el sentimiento,
Transparentes,
Como la luz,
Duendes, a los que únicamente llegas a través de la intuición

¿Cómo  honrar estas fuentes de inspiración,
de rostros anónimos,
convertidos en primera vocación?
J.J.R.M.

RESUMEN:

I.Mirando al faro nos orientamos.

 

 

Scheler.
Contaba con 101 años y una incesante actividad intelectual a sus espaldas, que le
hizo merecedor de que para nosotros, don Juan José Barcia Goyanes continuará siendo “el
faro al que hay que volver la mirada”. El día cinco de Junio de 2003,  y unos días antes
de su fallecimiento
(13 de Julio a las doce del mediodía) , un grupo de  “navegantes
zarpábamos del puerto” de la antropológica médica
para “adentrarnos en el mar abierto”
de la psicoterapia antropológica y “sin dejar de echar la vista atrás y orientados por el faro
del maestro” fundábamos la  Sociedad Cultural Española  para la Investigación y el
Desarrollo de la Psicoterapia Antropológica.
Éramos conscientes  de que la dirección en la que “navegábamos era opuesta a la
del faro, pero nuestra tendencia a mirar hacia atrás nos indicaba si llevábamos  o no el
rumbo correcto” marcado por el maestro. De  aquí, que tengamos siempre la inercia de
mirar hacia donde están los demás y preguntar “:
“¿dónde se han quedado?
¿qué rumbo han tomado?”
Únicamente así  estaremos en condiciones de juzgar con certeza si las líneas
generales de nuestro pensamiento siguen las pistas y huellas correctas de nuestros mayores,
en un intento de recuperar y honrar una tradición de pensamiento netamente español de
autores que fueron preparando el camino y cuya común preocupación no fue otra que su
interés por la  vida y por la  persona que vive y realiza esa vida , en el doble sentido
biológico y biográfico.
Preocupación que, asentada en nuestros principales filósofos contemporáneos como
Unamuno, Ortega y Gasset
y Zubiri, estuvo, inicialmente presidida  –aunque sea poco
conocida- , por aquella tradición de la medicina española que orientada hacia la Filosofía
moral mantuvo siempre la inquietud  por la psicoterapia. Ya desde Séneca se comienza a

vislumbrar una actitud psicoterapeutica que también existía con Vallés
y cuya
preocupación recae sobre el individuo real e ideográfico en oposición a la idea del hombre
como ser anónimo y sin fisionomía, tal y como Orson Welles nos muestra plásticamente en
la fascinante y mitológica figura cinematográfica de Harry Kime, El tercer hombre.
Esta arraigada corriente de preocupación por el hombre continuada por Letamendi
y que ha transcurrido desde Novoa Santos pasando por Marañon, Rof Carballo y Laín
Entralgo hasta Barcia Goyanes,  encontró en él, hasta hace unos días, su mayor exponente
en vida.
Tradición que continuada por su hijo, Demetrio Barcia Salorio  -Presidente  de
honor de nuestra sociedad y actualmente Catedrático emérito de Psicogeriatría- , se ha
mantenido viva a través de numerosos trabajos como lo demuestra la publicación de uno de
sus últimos libros que con el título de  Psiquiatría y Humanismo
recoge no poco del espíritu que sobre los valores siempre interesó a su padre.

Para Barcia Goyanes había dos maneras de clasificar las cosas dos maneras de
comprender el mundo:
el mundo del ser
y
el mundo de los valores
Según esto, concebimos, analizamos y explicamos las cosas por su esencia y,
además las estimamos y preferimos o rechazamos por su valor. De aquí que escribiese:
“Las cosas poseen todas una doble existencia, desde la aparición del hombre en el mundo.
Independientemente de su existencia las cosas  ya existen. A esta existencia de las cosas,
independientemente del hombre, le llamamos existencia real. Pero,  la aparición del hombre sobre
la tierra con sus intereses, sus ideales, sus  necesidades hace que las cosas entren en un nuevo
mundo. Crea el mundo de los valores un mundo con jerarquía en el cual llegan a entrar las cosas
reales”
Partiendo de estos supuestos en los que las cosas son valiosas por ellas mismas, así
como también lo es el hombre que las valora, Barcia Salorio como heredero de una línea
de pensamiento  que aunaba los puntos de vista de la Historia de la Medicina y la Filosofía
española, supo ver en el encuentro de Victor Frankl con Ortega y Gasset un modo de
iluminar la teoría de la neurosis con la psicoterapia de orientación antropológica. Las ideas
de Ortega y Frankl, unidas a las de Spranger
–cuyos puntos de contacto son indudables- ,
favorecen notablemente la orientación antropológica en psicoterapia.

Entre las aportaciones más notables realizadas por Spranger, Ortega, Barcia
Goyanes y Victor Frankl a la psicoterapia antropológica, una nos interesa especialmente,
nos referimos al estudio de  los valores.

Desde Heráclito de Efeso (540-475 ane) hasta la analítica existencial ha existido
una constante preocupación por el hombre como ser abierto en continuo devenir cuya vida
le es propuesta como una tarea. Tarea tiene dos rasgos que la convierten en una labor de
especial relevancia:  en primer lugar esta tarea, debe hacerse, con riesgo, y además, con
responsabilidad. Y en segundo lugar, debe hacerse con sentido. Y es precisamente en
cuanto al sentido, donde encontramos las mayores dificultades de cara a la realización de la
psicoterapia cuando se trata de conjugarla con los valores.
Barcia Goyanes
nos dice acerca del sentido:
“Decimos que sentido es aquello por lo que una cosa entra en el mundo de los valores, se
engrana en el conjunto de éstos, y forma con ellos un todo armónico.”
Y ahora preguntémonos:
¿Qué entendemos por armonizar desde el punto de vista de las realizaciones de valor?
Para contestar a la pregunta anterior, recurriremos a Heráclito para conocer cuál era
su opinión acerca de la armonía: armonía es contrariedad, nos decía:
“Los hombres no comprenden cómo aquello que es llevado en diferentes direcciones se
pone de acuerdo consigo mismo: armonía  es contrariedad, como en el caso del arco y la lira”-
.
La enseñanza que sacamos de este fragmento de Heráclito aplicado a nuestra tesis
sobre los valores lo discutiremos en el apartado (IV) nota (58). Pero ahora, a modo de
preámbulo, y desde un punto de vista metafórico –simbólico- ,  representaremos la
situación terapéutica como si se tratara de la creación o fabricación de un arco:
La psicoterapia de orientación antropológica
se las verá y tratará con el bordón,
(cuerda a lo largo de la cual transcurrirá la psicoterapia: de arriba-abajo y de abajo-arriba
-es el mismo camino en dos posibles direcciones que necesariamente están obligados a encontrarse- )
que sujetándolo fuertemente en ambos extremos
(valores innatos –inconscientes- y valores ambientales –conscientes-)
de la varilla de madera
aprovechara la elasticidad de esta para tensar la cuerda hasta alcanzar la curva
(armonía)
del arco deseada.
Una vez ajustado,
dispararemos la flecha

(decisión)
con el sosiego
(ataxia)
de confiar que daremos en la diana.
Esta diana, no es otra cosa, que “mi vida” –en el sentido de Ortega-  que a modo de
proyecto o “vocación humana”
confiere sentido y significación a “mi existencia”
Dar sentido a la vida, dijimos, conlleva enfrentarse a la esencia de los valores. Estos
valores, al igual que necesitan ser armonizados –como ya vimos y volveremos más
adelante a propósito del “arco de Heráclito” – , también necesitan ser comprendidos. De
aquí que digamos con Barcia Goyanes:
“Y al conocer el sentido de las cosas lo llamamos comprender. Comprender es, pues, captar el
sentido de una cosa, darnos cuenta del puesto que ocupa dentro del mundo de los valores”
Sin embargo:
¿cómo sé que valores tengo que elegir?
¿cómo conseguir elegir los valores entre las posibilidades que se me ofrecen?.

Vimos, que el hombre no inventa los valores del mismo modo que tampoco inventa
el sentido de su existencia, más bien los reconoce o descubre a través de sus disposiciones
internas. Es por ello, que de entre los posibles valores que el mundo le ofrece y a los que
puedo optar o elegir, se muestre atraído de  unos y alejado de otros. De él dependerá
aceptarlos o rechazarlos, cumpliendo así con el sentido de su disposición –que aguardado
como potencia está- .  O bien, ignorarlos. De estas decisiones dependerá el que se sienta
más o menos sosegado.
También es necesario comprender, que de la misma forma que los valores no
aparecen de modo único, las situaciones en las que se dan tampoco son únicas ya que
cambian constantemente. En este sentido,  podemos decir que los valores dependen y se
refieren a una situación concreta y a la persona que implícitamente se halla en ella –Ortega
nos decía en Meditaciones del Quijote: “los árboles me impiden ver el bosque”- con lo que
la vida me obliga a tener una cierta perspectiva ya que me impone cierta elasticidad frente
a las posibilidades que me son ofrecidas, en caso contrario, me cerraría a un código de
valores estricto con lo que la vida pasaría sin posibilidad de realización.
Y este fue el ejemplo de Juan José Barcia Goyanes, quien supo mantenerse fiel a las
enseñanzas de Victor Frankl en cuanto a la relatividad del valor en pro de la situación,
que  como bien nos dice su hijo, Demetrio Barcia:
“De acuerdo con la enseñanza de Pablo II, que en el Ángelus del 1 de Noviembre de 1985,
decía “buscar la santidad en la  existencia cotidiana”, mi padre también la buscó en su cotidiano
vivir. Primero, hasta los muy últimos días, desarrollando Valores de creación, en el sentido
propuesto por Victor Frankl, intentando que su vida fuera valiosa pero de acuerdo con los
auténticos valores cristianos; luego ya muy anciano y limitado, desarrollando valores de actitud. Yo
nunca lo he visto quejarse en sus últimos tiempos a pesar de que casi ciego no podía siquiera leer”.

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