Necesidad de un enfoque histórico en la psiquiatría

 

 

 

 

 

Dentro del conjunto de las Ciencias y desde

luego en el marco de la Medicina, la Psiquiatría

constituye una de las áreas del conocimiento

con mayor complejidad y dificultad

cuando se intenta captarla conceptualmente.

La vieja distinción de Dilthey (1883) entre ciencias

culturales y ciencias de la naturaleza, atendiendo especialmente

al estatuto epistemológico que caracteriza

a cada una ellas, no es válido para la Psiquiatría

porque esta, tal como había mostrado Jaspers

(1913), pertenece tanto a las ciencias de la cultura

(Verstehen Psychopathologie), como a las ciencias

de la naturaleza (Erklärende Psychipathologie). Es

decir, sus saberes pueden ser estudiados desde ambos

modelos científicos. Pero aun reduciendo los saberes

psiquiátricos al último modelo científico, tal como

se pretende en el momento actual, el tema no

queda resuelto, aparte de que este último planteamiento

obligue a abandonar muchos de los conocimientos

que se han desarrollado en Psiquiatría, posiblemente

los más valiosos y característicos de la

misma.

Dos son las razones principales, a nuestro juicio,

de que lo anterior, es decir, la posibilidad de adscribirse

a ambos tipos de ciencia, sea cierto. La primera

se relaciona con las dificultades de caracterizar de

una vez por todas el objeto real de la Psiquiatría, la
 
segunda reside en la pregunta de si es posible reducir

la multiplicidad de objetos formales que se han desarrollado

en Psiquiatría a uno, o al menos, a unos pocos.

Es conocido que en toda Ciencia hay que distinguir

el objeto real, esto es, aquel campo de la realidad

que debe ser delimitado y observado, y el objeto

o los objetos formales, es decir el modo o los modos

de analizar y caracterizar al objeto real, si bien es

cierto que en todas las ciencias ambos, el objeto real

y los formales, se condicionan e influyen mutuamente.

Lo que hay que destacar es que existe una realidad

objetiva, en nuestro caso los “enfermos mentales”,

pero que realmente no significa nada hasta que

esta realidad es captada y caracterizada por una determinada

doctrina o planteamiento teórico. En

otras palabras, el objeto real significa algo cuando se

convierte en objeto formal. El primero da unidad a

la Ciencia, el segundo ofrece pluralidad, ya que de

hecho siempre, y esto es particularmente cierto en

Psiquiatría, los modos de observación en cualquier

ciencia son múltiples, tanto a lo largo del tiempo como

en un momento histórico dado. La problemática

de una ciencia está precisamente en la tensión que

se crea entre esa unidad y esa pluralidad y la unidad

aparece como una meta, nunca lograda plenamente,

a la que tienden los distintos objetos formales, bien

por la integración de ellos, bien porque uno domina

a los demás.
 
Pero contrariamente a otras ciencias, entre ellas

las que forman las distintas especialidades médicas,

la Psiquiatría difiere tanto porque los modos formales

son múltiples, algunos muy alejados de los típicos

de la medicina, como por el modo de aislar el objeto

real, lo cual obliga a una reflexión y análisis y a teorizar

sobre los fundamentos de la Psiquiatría.

En el seno de la Psiquiatría decimos que el objeto

real son “los enfermos mentales”, pero lo que debe

ser señalado es que la dependencia de la Psiquiatría

de los factores culturales es mucho mayor que la que

se da en otros saberes médicos, lo que convierte en

problemático la delimitación del objeto real. Que cosa

sean la Salud y la Enfermedad, son siempre conceptos

culturalmente condicionados1, pero decimos

que en Psiquiatría esta dependencia es mucho más

importante y de hecho la locura es un concepto absolutamente

cultural.

Es verdad que H. Siegerist (1951-1961) llegó a

proponer una Historia de la Medicina ordenada socialmente,

idea a la que se adscribieron no pocos historiadores

de la medicina, pero también es cierto, que tal

como venimos insistiendo y ha puesto claramente de

manifiesto G. Rosen (1968), la dependencia cultural

es especialmente importante en Psiquiatría. Un ejemplo

especialmente válido de lo anterior lo representa

los planteamientos de E.R. Dodds (1951) y M. Foucould

(1965) quienes han propuesto que por cuanto la

locura es una forma de irracionalidad, solo aparece

“visible” en aquellos momentos en que la Sociedad valora

como elemento básico la racionalidad como criterio

de Salud, y esto hace que de hecho la psiquiatría

aparezca en Grecia, y reaparezca durante la Ilustración,

y es también, decimos nosotros, la razón de por

que el movimiento antipsiquiátrico contemporáneo

niega la existencia de la locura como enfermedad, al

pensar que no es cierto que la salud sea incompatible

con la irracionalidad, o quizás, debería decirse, que la

locura representa otra forma de racionalidad.

La noción de “loco” es cultural y, sin embargo, la

Psiquiatría surge como especialidad cuando se empieza

a considerar a la locura como enfermedad y

esto es precisamente el paradigma fundamental que

ha servido para caracterizarla como especialidad médica2.

En este sentido es paradigmática la afirmación
 
con que Ph. Pinel, considerado por todos como fundador

de la Psiquiatría, comienza su famoso Tratado

de la Manía (1801), “El curso progresivo de los conocimientos

sobre el carácter y curación de la enajenación

del alma, es igual en un todo al que se ha seguido

en las otras enfermedades”.

Pero la afirmación anterior no quiere decir que

exista solo un objeto formal y lo cierto es que han sido

múltiples los modos como se han abordado el

análisis de la locura desde los saberes positivos, por

lo que desde un punto de vista formal no hay unidad

en la Psiquiatría y los distintos planteamientos teóricos

han surgido desde concepciones diferentes, independientes

unas de otras3.

Señala Klerman (1990) que es habitual aproximarse

a la historia de un campo científico, viéndolo

como una progresión lineal de avances, de progreso

y de desarrollo que significan la adquisición de mayores

y mejores conocimientos y de dominio en este

campo concreto, pero tal planteamiento no es posible

en Psiquiatría, pero tampoco lo es aplicar a ella

la concepción de Kuhn de que el conocimiento científico

progresa por “revoluciones” en que los nuevos

planteamientos (paradigmas) surgen para resolver la

mezcla o el conjunto de viejas ideas porque ellas ya

no sirven. La situación en Psiquiatría es “preparadigmática”

y no sólo porque lo cierto es que muchas de

las teorías psiquiátricas no tienen aún el rigor científico

exigible para ello, sino porque las diferentes teorías

han surgido no solamente con independencia

unas de otras, sino también porque en general han

tratado de abordar el hecho de la locura, ignorando

los planteamientos de las otras, desarrollando sus

propias metodologías que son utilizadas por investigadores

independientes. Es decir, en Psiquiatría no

ha habido una tesis que signifique un progreso respecto

de las otras, en un momento dado, y que haya

aportado soluciones nuevas, no ha habido nunca

una “revolución”, en el sentido de Kuhn (1970). Lo

que ha existido en los diferentes períodos históricos

es que un grupo ha sido dominante y ha impuesto

sus planteamientos teóricos porque han sido dominante

sociológicamente. Kuhn había mostrado que

en un Paradigma se reconocen dos componentes,

uno cognitivo, que se refiere al modo en que se formulan

determinadas teorías y otro componente comunal,

es decir, el grupo de investigadores que trabajan

con un determinado paradigma en el que cree.

En Psiquiatría es especialmente claro que determinados

paradigmas se han impuesto e imponen en la

actualidad y dominan, pero no porque ellos “solucionen”

problemas no resueltos por los paradigmas

anteriores, sino porque son más fuertes sociológicamente,

es decir son utilizados por grupos científicamente

dominantes. La historia de la Psiquiatría es
 
una sucesión de paradigmas en que uno, en un momento

dado, se impone quedando los otros con un

desarrollo poco perceptible, hasta que de nuevo surgen

y replantean teorías anteriores, lo que ha permitido

a O. Marx (1992) caracterizar la Historia de la

Psiquiatría como “un trabajo de Sísifo”, ya que periódicamente

retoma viejos planteamientos. La psiquiatría

francesa del siglo XIX fue sustituida por los

planteamientos de Kraepelin que dominaron también

a los de Griessinger. Al final de la II Guerra

Mundial desaparece la hegemonía científica alemana

y es sustituida especialmente por los planteamientos

vigentes en los EE.UU., que impone sus criterios,

primero desde una visión psicodinámica y luego, a

partir de los años setenta, por el modelo empíricosintomatológico

de la Psiquiatría actual.

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